Decir que “su conducta es porque tuvo un trauma” puede sonar compasivo, pero como explicación global puede generar efectos indeseados: dependencia, pasividad, locus de control externo o visión mágica de los procesos. En muchos casos los problemas psicológicos no derivan de un trauma diagnosticable. Por otro lado, la evidencia científica indica que para el trastorno de estrés postraumático (PTSD) – trauma real -, tanto EMDR como terapias conductuales de exposición muestran eficacia comparable.
1. ¿Cuán frecuente es realmente el PTSD?
La narrativa popular sugiere que “todos tenemos traumas”, pero los datos epidemiológicos cuentan otra historia.
- Una umbrella review reciente estimó la prevalencia de PTSD en población expuesta a traumas en 23.95 % (IC 95 %: 20.74-27.15) (Schincariol et al., 2024). Es decir, que incluso estando expuestas a situaciones potencialmente traumáticas, lo más habitual no es desarrollar un PTSD.
- En población general, la prevalencia diagnóstica de PTSD oscila entre 3-6 %, muy por debajo de los porcentajes de otros trastornos de ansiedad o del estado de ánimo (Kessler et al., 2017).
- En niños preescolares expuestos a eventos adversos, la prevalencia puede situarse en torno al 21.5 % si se usan criterios adaptados a la edad, pero cae al 4.9 % cuando se aplican criterios de adultos (Scheeringa et al., 2021).
En contraste, los trastornos de ansiedad y la depresión presentan prevalencias mucho más elevadas en población general (10-20 %) (WHO, 2017). Esto significa que no todo malestar psicológico puede ni debe explicarse como trauma.
2. Problemas psicológicos que no se deben a un trauma
Muchos problemas clínicos comunes no encuentran su explicación principal en experiencias traumáticas:
- Fobias específicas: aprendizaje condicionado y refuerzo de evitación.
- Trastorno de ansiedad generalizada: preocupación crónica e intolerancia a la incertidumbre.
- Trastorno obsesivo-compulsivo: compulsiones mantenidas por la reducción de ansiedad inmediata.
- Problemas de conducta infantil (negativismo desafiante, conductas disruptivas): funciones de atención, escape o acceso a reforzadores.
- Depresión leve-moderada: vinculada a factores genéticos, biológicos, de estilo de vida y situaciones estresantes actuales.
Reducir estas problemáticas a la hipótesis de un “trauma oculto” implica ignorar los procesos de aprendizaje y los factores ambientales que mantienen las conductas en el presente.
3. Riesgos de conceptualizar todo como trauma
Adoptar el trauma como explicación única puede derivar en:
- Locus de control externo: la persona siente que su malestar depende de algún evento del pasado, fuera de su control, y que sólo el terapeuta o “trabajar el trauma” lo puede cambiar.
- Pasividad terapéutica: se espera que el terapeuta “trabaje el trauma”, en lugar de un esfuerzo activo del paciente (tareas, exposición, práctica).
- Visión mágica de la psicología: se entiende la terapia como un ritual que borra recuerdos. Creer que si se procesan recuerdos, la conducta se “arregla”, sin entender aprendizaje, evitación, reforzadores actuales.
- Dependencia del terapeuta: dificultad para afrontar lo aversivo en la vida diaria sin ayuda externa ya que la persona puede no desarrollar habilidades de afrontamiento propias, tolerancia a lo aversivo, regulación emocional, autonomía y seguridad en su capacidad de afrontamiento.
- Desplazamiento de expectativas terapéuticas: cuando la mejora clínica no ocurre al ritmo esperado, la familia puede pensar que la terapia “no funcionó” porque no se “encontró el trauma”, en lugar de revisar la formulación funcional, ajustar técnicas o intervenir sobre las contingencias actuales.
Estos riesgos limitan la autonomía y reducen la efectividad del proceso terapéutico.
4. Evidencia comparada: EMDR vs análisis de conducta
Exposición prolongada (EP)
Meta-análisis recientes confirman tamaños de efecto robustos y consistentes para reducir síntomas de PTSD, con beneficios mantenidos en el tiempo (McLean et al., 2022).
EMDR
La literatura muestra eficacia en PTSD y está incluida en guías internacionales. Sin embargo, revisiones y meta-análisis con datos individuales concluyen que su efectividad es comparable, no superior, a la exposición prolongada o a la terapia cognitivo-conductual centrada en trauma (Wright et al., 2024; van den Berg et al., 2015).
Activación conductual
Menos estudiada en PTSD que las anteriores, pero con resultados prometedores, especialmente cuando hay comorbilidad con depresión o evitación marcada (Etherton et al., 2020).
5. Conclusión práctica
-
No todo problema psicológico deriva de un trauma: la mayoría responde mejor a intervenciones funcionales centradas en contingencias actuales.
-
PTSD existe, pero es mucho menos frecuente que otros trastornos psicológicos comunes.
-
Evalúa si existe un PTSD definido: síntomas de re-experiencia, evitación marcada, alteraciones cognitivas/sentimentales, hiperactivación.
-
Tanto EMDR como la exposición prolongada son eficaces para PTSD; la evidencia no apoya la idea de que EMDR sea una “herramienta indispensable”.
-
El análisis de conducta aporta una visión útil y pragmática: trabajar lo que mantiene la conducta en el presente, fomentar autonomía y medir progresos de manera objetiva.
Referencias
- Etherton, J. L., Blakey, S. M., & Kashdan, T. B. (2020). Behavioral activation for PTSD: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 78, 101857. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101857
- Kessler, R. C., Aguilar-Gaxiola, S., Alonso, J., Benjet, C., Bromet, E. J., Cardoso, G., … & Koenen, K. C. (2017). Trauma and PTSD in the WHO World Mental Health Surveys. European Journal of Psychotraumatology, 8(sup5), 1353383. https://doi.org/10.1080/20008198.2017.1353383
- McLean, C. P., Foa, E. B., & Asnaani, A. (2022). Exposure therapy for PTSD: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 91, 102115. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2021.102115
- Scheeringa, M. S., Myers, L., Putnam, F. W., & Zeanah, C. H. (2021). Diagnosing PTSD in preschool children: Empirical evidence for developmentally informed criteria. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 60(8), 930–940. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2020.12.034
- Schincariol, A., Orrù, G., Otgaar, H., Sartori, G., & Scarpazza, C. (2024). Posttraumatic stress disorder (PTSD) prevalence: An umbrella review. Psychological Medicine. Advance online publication. https://doi.org/10.1017/S0033291724002319
- van den Berg, D. P. G., et al. (2015). Prolonged Exposure vs EMDR for PTSD: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 72(3), 259–267. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2014.2637
- Wright, S. L., et al. (2024). EMDR vs other psychological therapies for PTSD: IPD meta-analysis. Psychological Medicine. Advance online publication. https://doi.org/10.1017/S0033291724000527
- World Health Organization (WHO). (2017). Depression and other common mental disorders: Global health estimates. Geneva: WHO.