Cuando sentir se vuelve confuso: disociación, alexitimia y trauma relacional en adultos autistas

Daniel” (nombre ficticio), adulto joven dentro del espectro del autismo, acude a consulta describiendo una sensación persistente de desconexión emocional, episodios incapacitantes de síntomas de dolor físico inexplicables médicamente y amnesia. Durante años ha tenido la impresión de “estar presente pero no del todo”, como si los acontecimientos importantes de su vida le resultaran lejanos o poco vívidos.

En periodos de alta exigencia social —nuevos entornos laborales, relaciones donde sentía presión por agradar o cumplir expectativas— experimentaba:

  • Incremento de síntomas físicos (dolor difuso, fatiga, tensión muscular).

  • Sensación de irrealidad o distanciamiento.

  • Dificultades para recordar detalles de conversaciones emocionalmente intensas.

  • Episodios de embotamiento afectivo.

En etapas anteriores, estos estados incluían dolor emocional intenso acompañado de cierta amnesia parcial. En el momento actual, tras un proceso terapéutico sostenido, los episodios son menos frecuentes y menos extremos. Ahora los describe como “días en los que me siento perplejo, sorprendido por todo, muy sensible o emocionalmente reactivo”, pero sin desconexión total ni lagunas mnésicas.

Este caso ilustra un fenómeno clínico que observamos con relativa frecuencia en adultos autistas: la interacción entre alexitimia, camuflaje social crónico, trauma relacional y síntomas disociativos secundarios.

Autismo y experiencia emocional: más allá del estereotipo

Existe un mito persistente: que las personas autistas “sienten menos”. La evidencia científica actual desmiente esta idea. Investigadoras como Francesca Happé han mostrado que muchas diferencias en el procesamiento emocional en el autismo no implican ausencia de emoción, sino diferencias en su identificación y expresión.

Una variable clave aquí es la alexitimia, estudiada ampliamente por investigadores como Geoffrey Bird. La alexitimia se refiere a la dificultad para identificar, diferenciar y describir los propios estados emocionales. Es significativamente más prevalente en población autista que en la población general.

En términos sencillos: la emoción está, pero cuesta reconocerla, nombrarla y comunicarla.

En términos técnicos: existe una alteración en la conciencia emocional explícita y en la simbolización afectiva, con posible base en diferencias interoceptivas y en la integración entre sistemas límbicos y corteza prefrontal medial.

El camuflaje social (masking) y su coste psicológico

Daniel describía que, desde la adolescencia, había aprendido que expresar ciertas emociones o comportamientos (como movimientos repetitivos o reacciones intensas) generaba crítica o rechazo. Como respuesta, desarrolló un patrón de:

  • Supresión emocional.

  • Sobreadaptación social.

  • Hipervigilancia interpersonal.

  • Esfuerzo constante por cumplir expectativas externas.

Este fenómeno ha sido estudiado como camuflaje social o masking. Investigaciones de Laura Hull muestran que el masking prolongado se asocia con mayor ansiedad, depresión, agotamiento y riesgo suicida en adultos autistas.

Desde una perspectiva clínica, el masking crónico puede generar:

  • Fatiga autonómica sostenida.

  • Desconexión progresiva de necesidades propias.

  • Mayor vulnerabilidad a dinámicas abusivas.

  • Dificultad para diferenciar identidad auténtica de rol social adaptativo.

Cuando la adaptación se convierte en vulnerabilidad: trauma relacional

En el caso presentado, la necesidad intensa de agradar y evitar conflicto llevó a Daniel a tolerar situaciones abusivas. Esta combinación —dificultad para identificar emociones propias junto a la priorización sistemática de las necesidades ajenas— incrementa el riesgo de trauma interpersonal.

La literatura reciente indica que los síntomas disociativos en personas autistas no forman parte del núcleo diagnóstico del autismo, pero sí aparecen con mayor frecuencia cuando existe historia de trauma o victimización.

Es importante diferenciar:

  • Autismo → diferencia en procesamiento neurocognitivo.
  • Disociación → mecanismo defensivo ante amenaza o sobrecarga.
  • Shutdown autista → respuesta a sobrecarga sensorial/social.
  • Disociación traumática → desconexión de conciencia, memoria o identidad ante amenaza relacional.

En Daniel, los episodios de amnesia parcial y embotamiento intenso eran más compatibles con disociación defensiva secundaria a sobrecarga emocional y trauma relacional, no con un trastorno disociativo primario.

Somatización y cuerpo: cuando la emoción no simbolizada se expresa fisiológicamente

Cuando una emoción no puede ser identificada ni expresada, el cuerpo suele convertirse en su vía de manifestación.

En adultos autistas con alexitimia, la dificultad para etiquetar estados internos puede favorecer:

  • Activación autonómica sostenida.

  • Síntomas psicosomáticos.

  • Sensación difusa de malestar sin narrativa clara.

Desde un punto de vista psicofisiológico, podemos entenderlo como un predominio de activación simpática sin adecuada regulación cortical consciente.

En el proceso terapéutico de Daniel, al reducir la supresión emocional y permitir la expresión (incluyendo el permiso para realizar stimming en contextos seguros), disminuyeron tanto la intensidad de la somatización como la disociación.

La evolución clínica: de la desconexión a la emocionalidad

Un aspecto especialmente relevante es el cambio cualitativo en los síntomas.

Antes:

  • Dolor intenso.

  • Embotamiento.

  • Amnesia parcial.

Ahora:

  • Emociones persistentes pero tolerables.

  • Sensación de perplejidad.

  • Mayor sensibilidad emocional.

  • Sin lagunas mnésicas.

Desde modelos de trauma, este patrón puede interpretarse como un paso desde disociación estructural más marcada hacia mayor integración afectiva.

En términos sencillos: antes el sistema nervioso necesitaba “desconectar”. Ahora puede “sentir”, aunque todavía esté aprendiendo a comprender lo que siente.

La perplejidad puede reflejar un proceso de recalibración interna: abandonar años de sobreadaptación implica reconstruir el sentido de identidad emocional.

Intervenciones que facilitaron el cambio

El abordaje terapéutico incluyó:

  • Reestructuración de creencias sociales rígidas.

  • Trabajo en identificación y diferenciación emocional.

  • Priorización de necesidades propias.

  • Planificación y organización de las demandas cotidianas.

  • Adaptación proactiva de los contextos de participación.

  • Entrenamiento en comunicación asertiva.

  • Permiso explícito para no camuflar en contextos seguros.

  • Estrategias de autorregulación emocional.

El objetivo no fue “eliminar la sensibilidad”, sino aumentar la integración emocional y reducir la necesidad defensiva de desconexión.

Reflexiones finales

En adultos autistas, los estados de distanciamiento emocional persistente no deben interpretarse automáticamente como frialdad afectiva ni como trastorno disociativo primario.

Con frecuencia, son el resultado de la interacción entre:

  • Alexitimia.

  • Camuflaje crónico.

  • Trauma relacional.

  • Sobrecarga social sostenida.

  • Supresión emocional prolongada.

Cuando el entorno terapéutico facilita seguridad, validación y reducción del masking, puede observarse una transición desde la desconexión hacia una experiencia emocional más accesible —aunque inicialmente se viva como confusa o intensa.

La meta no es que la persona “sienta como los demás”, sino que pueda sentir sin desconectarse de sí misma.

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